¿Qué ocurre durante un tratamiento Craneosacral Biodinámico?

«Todo lo que nos pasa en la vida es percibido por el cuerpo a través del sistema nervioso, que lleva su información al cerebro. Eso incluye los traumas de cualquier tipo, las heridas físicas o emocionales, o bien pueden tener una naturaleza bioquímica. Todo lo que el cuerpo experimenta queda grabado en el tejido y puede causar bloqueos que se manifiestan como enfermedades, disfunciones o dificultades para sanar, puesto que la capacidad del organismo para regenerarse queda mermada y el cuerpo deja de funcionar de forma óptima. 

La terapia craneosacral refuerza el sistema nervioso autónomo, que consta de los sistemas: el simpático y el parasimpático. El cuerpo se cura y se regenera por sí mismo cuando el sistema parasimpático es dominante. Por ejemplo, cuando estamos muy relajados o dormidos. El sistema nervioso simpático, conocido como de “lucha o huida” se ve afectado por nuestro actual estilo de vida gobernado por el estrés. En el peor de los casos, esto puede conducir a una debilidad crónica del organismo.»

Fuente: iacst.ie

¿Qué sucede entonces durante una sesión? ¿Cómo se aplica?

Empezamos con una breve conversación para entender en qué punto se encuentra la vida del paciente y cómo ayudarle. Esta charla preliminar puede ser más o menos larga, dependiendo de si la terapia biodinámica será el tratamiento principal o bien un tratamiento complementario para otra terapia.

Durante la sesión, el cliente se tiende vestido y boca arriba. El terapeuta examina suavemente con el tacto diferentes partes del cuerpo y detecta con sus manos qué es lo que el organismo necesita. ¿Dónde hay bloqueos? ¿Qué partes del cuerpo están reclamando atención? ¿Cómo está el organismo hoy?

Cada sesión dura entre 60-80 minutos, dependiendo de las necesidades de cada cliente.

Si la persona acaba de sufrir una lesión o sale de una operación reciente, la terapia craneosacral supone un buen apoyo para el proceso de curación, aumentando el poder de autosanación del cuerpo. En tales casos, la parte del cuerpo afectada no se toca, a no ser que el organismo lo permita y el paciente lo reclame.

Una singularidad de este tratamiento es que no es el terapeuta quién decide lo que ha de suceder. Su misión es prestar atención a la persona y escuchar los estímulos del cuerpo, que le guían para actuar terapéuticamente.

Esta es una de las razones por las que decidí estudiar y dedicarme a esta terapia: disfruto enormemente ayudando a que la propia sabiduría del cuerpo tome la iniciativa, ejerciendo de guía para activar y reforzar el proceso curativo.

Un gran déficit que tenemos hoy en día es que nos hemos olvidado de lo que es tocar y ser tocado. Vivimos en una época de privación táctil y necesitamos recuperar la amabilidad y el reconocimiento hacia nuestro cuerpo. Con el tiempo, descubriremos los beneficios de hacernos amigos de nosotros mismos, de nuestro propio cuerpo en su bella imperfección.

Todos tenemos derecho a desmoronarnos y a descubrir el lujo de ser como somos. Si no estamos bien, darnos permiso para no estar bien, aceptando en todo momento el mejor “yo” que somos capaces de ser.

Aquí es donde, de acuerdo a mis experiencias, la terapia craneosacral puede ser de gran ayuda, convirtiéndose incluso en el punto de partida de una nueva vida, creando nuevos hábitos y liberándonos de los viejos patrones, a la vez que dejamos de de lado los viejos padecimientos.